Por Cecilia Olguín

Imágenes: Víctor Hugo López

En vísperas de un nuevo #8M, centenares de mujeres y hombres de 5 regiones de Chiapas se reunieron en San Cristóbal de las Casas.

Responden al llamado del Movimiento en defensa de la tierra, el territorio y por la participación y el reconocimiento de las mujeres en la toma de decisiones, que ha convocado a esta Asamblea para discutir las demandas más sentidas de las mujeres, en este momento histórico.

De todas las edades, de los pueblos más distantes, con todos sus colores, con sus lenguas originarias, con su dignidad, con sus dolores y sus luchas han llegado para hacerse escuchar.


Desde cada rincón sentimos en carne propia los dolores, las compañeras encarceladas, las violentadas en sus territorios por los proyectos extractivistas y saqueadores, las golpeadas brutalmente por la represión día a día. Y también las violentadas en sus propios hogares.

Y es que la violencia machista acá golpea con tanta fuerza como en el resto de México, de Latinoamérica, del mundo.

Desde la compañera que no se atreve a pronunciarse en la asamblea de su ejido por temor a las burlas o al desprecio a su opinión|, hasta las que engrosan la larga lista de feminicidios. Desde la compañera que tuvo que escapar de su tierra con sus hijos, por temor a perder la vida a manos de su marido, hasta la dirigenta amenazada con violarla si sigue “causando problemas”.

Mujeres fuertes, mujeres valientes y rebeldes que no se quedan, que no se conforman con esta vida de violencia que les mandata el sistema capitalista. Al contrario, se levantan y se unen porque saben que al capitalismo le acomoda la violencia machista, le sirve para sus propósitos depredadores de la Madre Tierra. Y sólo con la real y efectiva participación femenina y feminista, podremos construir ese otro mundo posible que tanto anhelamos.

Hoy se avanza en la construcción de la demanda de Tenencia Familiar sobre la tierra, la que espera garantizar el derecho de la mujer en la toma de decisiones respecto a su tierra. Derecho que aún hoy no está garantizado, hasta ahora son los hombres quienes tienen el título individual.

Así, pueden vender las tierras a su antojo (lo que les conviene especialmente a quienes tienen intereses económicos extractivistas), despojando a las mujeres impunemente de sus ejidos, quedando ellas y sus hijos en una situación de total desamparo.

Y esta demanda, que podría ser tildada de sesgada, tiene un fundamento que hace temblar al capitalismo: pasar de la propiedad privada, o de derecho individual, a la propiedad familiar, colectiva o comunitaria.

Además, se reconoce que el concepto de familia es mucho más amplio que el modelo de familia biparental, por lo que la demanda conlleva el reconocimiento a todos los tipos de familias, cuestionando los históricos roles de género que en el campo –aún más- limitan a las mujeres a cumplir lo que se espera de ellas; criar y servir.

Ésta es una de las problemáticas de las mujeres en los ejidos. Una de tantas.


Y es que el territorio, la tierra a defender no es sólo la que sembramos, la que nos da el sustento. Nuestro territorio comienza en nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos de tierra, sol, agua y viento. Es desde aquí desde donde comienza la lucha. Y se hace necesario, se hace urgente abrazarnos entre todas, formando una sola y gran coraza con la fuerza de todos los corazones en lucha.

Las mujeres campesinas de Chiapas hoy avanzan en organización, avanzan en unidad, y se preparan para los desafíos de este período.

Aumentar la participación de las mujeres en la toma de decisiones es uno de estos desafíos. Aumentar el trabajo colectivo a todo nivel, también es una tarea pendiente.

Y el aporte de los hombres presentes también será fundamental para estos logros. Hombres que reconocen el valor de las mujeres, y que no están dispuestos a seguir reproduciendo la cultura machista en que fueron –mal- educados.

Estuvieron el día 8 en la calle, y seguirán también luchando para construir alternativas al sistema imperante, desde los ejidos, desde las ciudades, uniendo una voz a otra voz, uniendo todas las luchas, para lograr otro mundo posible, uno en donde quepan muchos mundos. 

¡Alerta, Alerta, Alerta que camina la lucha feminista por America Latina!